Relevancia en la Investigación

A) La hermenéutica constituye un marco metodológico complementario de la formación teórica en ciencias sociales. Es amplia la literatura en torno a las investigaciones que se han desarrollado desde esta óptica que, por otra parte, se remonta a los trabajos de Max Weber y se continúa, entre otros, en la obra de Maurice Merleau Ponty, de Peter Berger y Thomas Luckmann, de Clifford Geertz y, en latitudes más cercanas a nosotros, en la de Miguel León Portilla (Visión de los Vencidos) y Luis González. (Pueblo en Vilo).

Hasta el momento, sin embargo, la discusión académica en torno de esta concepción del conocimiento ha estado ausente, cuando menos de manera sistemática, de los programas de estudio en las distintas ciencias sociales. En este sentido, es importante que las nuevas generaciones de estudiantes y futuros investigadores en ciencias sociales y humanidades conozcan, se familiaricen y puedan trabajar dentro de este marco conceptual y metodológico y sus diferentes variantes.

 

B) La hermenéutica tiende un puente necesario entre las ciencias sociales (sociología, ciencia política, comunicación, estudios latinoamericanos) y las humanidades (antropología, etnografía, filosofía, filología, historia y lingüística).

 No es casual que en nuestra casa de estudios, así como en otras instituciones de educación superior, las ciencias sociales se encuentren comprendidas dentro del campo de las humanidades y no dentro de las ciencias naturales. Se trata de dos esferas del conocimiento que no son paralelas o disímbolas, sino, por el contrario, que están entreveradas y que se reconocen mutuamente en la investigación de campos problemáticos complementarios.

La hermenéutica constituye un lenguaje común para ambas—un punto de convergencia teleológico y metodológico—independientemente de que, según el caso, cada disciplina emplee otras técnicas especializadas (i.e., demográfica, estadística, o bien, fonética comparada, etc.) para abordar sus problemas particulares de investigación. La hermenéutica no sustituye, sino complementa estas técnicas, proyectándolas en una dimensión intelectual más amplia y rica.

 

C) Al estar el eje teleológico de la hermenéutica sustentado en el principio de la comprensión del sentido (como un momento analítico diferenciado, que no opuesto, al de la explicación causal), su incorporación a las ciencias sociales enriquece y amplía el rango de sus investigaciones, al tiempo que permite generar planteamientos problemáticos diferentes para redimensionar los temas propios de la investigación social en una nueva tesitura.

Sin duda el proceso explicativo que establece o determina relaciones causa-efecto constituye una línea de trabajo necesaria en la investigación científica de lo social. Sin embargo, la misma dinámica de la historia, los acontecimientos que han marcado giros fundamentales en los modos de organización social y la complejidad intersubjetiva de los fenómenos políticos y culturales, no siempre—y no únicamente—son reducibles a relaciones causales (del tipo “cada vez que ocurre esto, se genera este efecto”), a patrones de regularidad (del tipo “cada dos siglos hay una revolución política”), ni pueden someterse a principios axiomáticos o nomotéticos (del tipo “toda sociedad tiende a desarrollarse, decaer y fenecer”).

Precisamente lo que marca un punto esencial de diferencia entre el estudio de los fenómenos naturales y los fenómenos sociales es el carácter subjetivo e intersubjetivo de estos últimos. La intencionalidad volitiva y las cosmovisiones que anteceden y acompañan las transformaciones sociales no son equivalentes a los ciclos mecánicos de la física, ni tampoco a relaciones estímulo-respuesta de la conducta. En buena medida, el campo de estudio de la hermenéutica, como lo ha señalado el antropólogo y etnógrafo estadounidense, Clifford Geertz, consiste en comprender particularidades casuísticas, la irrepetibilidad de ciertos fenómenos (i.e., la revolución mexicana resulta inconmensurable respecto de la revolución soviética o aun la francesa), cuyo significado se vuelve más asible al considerarlo dentro de ciertas conexiones de sentido, que de la explicación proveniente de principios mecánico-formales.

Abrirse a esta singularidad, para captarla en sus propios términos (poliédricos, polisémicos), resulta un ejercicio tanto necesario como complementario de las formas de investigación social más tradicionales o convencionales. Se trata no sólo de obtener el dato (empírico, documental, etnográfico o estadístico), sino de cómo interpretarlo (qué significa ese dato) y, acaso más importante, qué se oculta detrás de ese dato (y del procedimiento para obtenerlo) y qué es eso que está más allá de su objetividad cuantitativa.


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